Joaquín
Martínez Miramontes
Los
niños corren sudorosos, un griterío los acompaña siempre. De pronto el sonoro y
molestó timbre los hace callar. Los más inquietos siguen jugando. Daniel sudando
entró al aula, de inmediato se acercó al garrafón de agua, se sirvió en su
vaso, mientras con su playera se limpia el sudor.
Entré
al salón y les pedí que se sentaran. Ellos aún quieren seguir jugando. Les pedí
que se formaran en círculo para aplicar una dinámica, cantando y marcando el
ritmo con los pies comenzamos a cantar, “Estaba perico ratón, sentado en un
sillón, llegó perica la gata y dio matarile al ratón, ¿qué es lo que quiere?,
¿qué es lo que quiere? …Que salten en un pie”. Volvemos a cantar la
canción y voy cambiando las
indicaciones, hasta que se integran en equipos de cuatro integrantes.
Les
cuento dos versiones de cómo llegué a la escuela. La primera un tanto escueta
sin contratiempos, donde no doy muchos detalles. En la segunda, agregó detalles.
Les
cuento que me levanté a las cinco de la mañana, y cuando estaba en el baño se
acabó el agua del tinaco, me tuve que secar y salir a traer una cubeta de agua
para terminar de bañarme. Posteriormente cuando puse a hervir la leche para
hacerme un café me descuide e hice un cochinero en la estufa, el cual tuve que
limpiar.
Salí
de mi casa un poco tarde para tomar la combi, pero cuando iba caminando por la
calle pasó un coche y me bañó con agua y lodo. Quedé completamente empapado,
así que regresé a mi casa a cambiarme. Salí muy tarde de mi casa. Tuve suerte,
que en la esquina encontré un taxi. El taxista se confundió y cuando me di
cuenta ya me llevaba en otra dirección. Entonces le pregunté, a dónde me
llevaba, él dijo que a la Estrella de oro, me pidió disculpas y al dar la
vuelta se subió a la banqueta, se escuchó fuerte el golpe, creo que habrá
dañado el ring de la llanta.
Posteriormente
de contar las dos historias dijeron que les había gustado más la segunda.
Posteriormente
les distribuí el trabajo a cada equipo, dando las explicaciones de manera
grupal de lo que cada uno iba a hacer.
El
equipo de viaje al exterior, salió de la escuela. Con cámara del celular
grabaron su recorrido.
El
segundo equipo de viaje al interior, se fue a trabajar en las escaleras del
asta bandera de la escuela.
El
equipo de caza de objetos se quedó en el salón de clases. Me acerqué a ellos y
les pedí que por turnos fueran sacando objetos que tuvieran en su mochila.
Aparecieron, celulares, barniz de uñas, corazones de goma, un billete de cincuenta
pesos, gomas, lápices, sacapuntas entre otros. Este equipo, no tuvo
dificultades, ya que ellos conocen la estructura de los cuentos que hemos
trabajado en el taller de escritura.
El
cuento que crearon fue el siguiente:
El celular y el billete de a cincuenta
pesos
Diana
Jitzel
Érase
una vez un celular muy rico y presumido. Él presumía mucho su dinero.
Un
día salió con su novia que era una
Tablet llamada Samantha. Ella era prima
de un secuestrador.
Samantha
engaño al celular, le dijo que lo iba a llevar a su caza y en verdad lo llevó a
una casa abandonada, donde estaban los secuestrados. Le pegaron mucho. Él
decidió escapar pero no sabía cómo.
En
la noche, sin que nadie se diera cuenta, se escapó por la ventana. Al salir se
encontró un monedero que tenía cincuenta pesos. Lo sacó del monedero y el
billete le dio las gracias de haberlo sacado del monedero, y le dijo:
―¿Puedo
hacer algo por ti?
―Sí,
―contestó el celular―, hazme una recarga de veinte pesos.
El
billete le hizo la recarga, pero no le llegó al celular. Entonces lo llevó al
hospital de celulares y lo revisaron. No
tenía tarjeta de memoria, pero además, no sabía andar sólo por las calles. El
billete lo acompaño.
Se
fueron a buscar la casa del celular. Recorrieron ocho cuadras pero no
encontraron su casa. Entonces el celular se cansó de buscar y tuvo que trabajar
para enfrentar la vida.
El celular y el billete de cincuenta
pesos
Samantha
Barrera Pérez
Érase
una vez un celular muy rico y presumido, el presumía mucho su dinero.
Un
día salió con su novia que era una
Tablet llamada Samantha. Ella era prima
de un secuestrador.
Samantha
engañó al celular, le dijo que lo iba a llevar a su casa y en verdad lo llevó a
una casa abandonada donde estaban los secuestrados. Para golpearlo le quitaron
su batería. El celular estaba muy golpeado. Por suerte era muy listo y se pudo
escapar de la casa abandonada.
En
la calle lo encontró un billete de a cincuenta pesos. El celular estaba tirado
en la calle con riesgo de que lo atropellara un auto. El billete vio al celular
y lo llevó a su casa cargando, llegando a su casa abrió la puerta y lo acostó
en su cama. El billete le pidió a su esposa que lo cuidara y que cuando llegara
de trabajar se encargaría de él.
La
esposa del billete cuido del celular. El celular por fin despertó y lo primero
que hizo fue preguntar dónde estaba. La esposa del billete le dijo que estaba
en la casa del billete. El celular le dio las gracias a la esposa del billete y
cuando llegó el billete de trabajar también le dió las gracias y le pidió
prestado veinte pesos para comprarse una batería. El billete le prestó y se
quedó convertido en 30 pesos.
Después
fueron a denunciar a Samantha y la metieron a la cárcel junto con su primo.
El
equipo de viaje al exterior quedó integrado por tres niños y una niña, ellos
platicaron de lo que su familia había hecho el fin de semana, coincidiendo que
sus papás habían ido a zacatear.
Gerardo
El
día sábado nuestros papás fueron a trabajar, y al llegar nos contaron como se
habían cortado.
AL
día siguiente despertaron y se fueron a tomar y llegaron borrachos y noche. Se
pusieron a tocar.
El
lunes en la mañana se fueron a zacatear y llegaron como a las cinco de la
tarde. Llegaron a tomar porque estaban echando combate.
El
martes en la mañana iban un poco crudos, se llevaron unas cuantas cervezas,
allá se pusieron a tomar. Nuestras mamás llegaron para darles de comer. Después
se pusieron a trabajar.
El
equipo de viaje al exterior escribió lo siguiente:
Fuimos
a un recorrido a la cancha y nos fijamos en las cosas y objetos que había.
Observamos un panal de avispas en la cancha, después recorrimos alrededor.
Fuimos
para abajo y cuando íbamos caminando nos echamos a correr de regreso porque
pensamos que era el señor que vendía nieves y cuando nos regresamos, vimos a un
niño que iba montado en un caballo.
Mi
compañera se encontró dos pesos.
Vimos
el paisaje, quería caer la neblina y ya casi no se veía la montaña. Luego
fuimos a una casa abandonada, que estaba bonita. Vimos varias flores de
colores, pero más moradas.
Luego
fuimos al kiosko y nos volvimos a encontrar al niño del caballo y se enojó un
poco porque lo estábamos grabando. De ahí nos bajamos para el centro de salud y
vimos la telesecundaria, de ahí volvimos a la escuela. Ahí estaba el maestro
Joaquín, pensó que Yanira y Alexandra estaban locas porque venían hablando
frente a un celular. Yanira, Alexandra, Arely y Nelsi y el maestro Joaquín
dijeron adiós.
Cuando
terminó el trabajo en los equipos, leyeron los textos que habían elaborado, les
hicieron observaciones. Al equipo del viaje interior les dijeron que no habían dado muchos detalles. Como ejemplo
pusieron que decían que se habían cortado, y que no daban más detalles. Los del
equipo del viaje interior contaron que se habían cortado las manos con las
hojas de la milpa porque no se habían puesto guantes para zacatear.
Con
los comentarios se cerrró la actividad.
Los
cuentos que elijo son los del equipo de
cazar objetos y casarlos: El Celular y el billete de cincuenta pesos.
Creo
que en este ejercicio las niñas logran, plasmar en los objetos la identidad de
los mismos. Tienen un primer personaje en conflicto y un segundo que lo ayuda,
pero además logran plasmar la vida cruel e injusta en los finales “…el celular se cansó de
buscar y tuvo que trabajar para enfrentar la vida.” Y “Después fueron a denunciar
a Samantha y la metieron a la cárcel junto con su primo.”
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